A TODAS LAS HERMANAS DE LA FEDERACIÓN
Queridas hermanas ¡el Señor que viene os de su paz!
Vamos a comenzar este tiempo litúrgico del Adviento del Señor, tiempo en el que me propongo algo que quiero compartir con vosotras y que podíamos trabajar juntas: Se trata de acrecentar la esperanza de las hermanas de la fraternidad y por qué no de nuestra federación. Lo que conlleva a hacer un camino de humanización, de abajamiento, como Jesús, el Hijo de Dios, hace con nosotros descendiendo a lo más bajo para ponernos en lo más alto.
Vivimos tiempos difíciles y dolorosos, pero también vivimos una vocación de hermanas pobres, nuestra hermana y madre Clara, vivió tiempos difíciles, y nos llama a lo siguiente:
“Porque veo también que, con la humildad, el vigor de la fe y los brazos de la pobreza, abrazas el tesoro incomparable, escondido en el campo del mundo y de los corazones de los hombres (cf. Mt 13,44), con el que se compra a aquel que hizo todas las cosas de la nada (cf. Jn 1,3); y, porque, por decirlo con las mismas palabras del apóstol, te considero cooperadora del mismo Dios y sostenedora de los miembros de su Cuerpo inefable que caen (cf. ICor 3,9)”. [1]



































