Pestaña

domingo, 9 de agosto de 2026

Carta de la Madre Presidenta Federal por Santa Clara

EL SEÑOR HA ESTADO GRANDE CON NOSOTRAS 
Y ESTAMOS ALEGRES
Hna. Isabel Cobo Jiménez, osc 
 

Este año 2026 hemos sido favorecidas con acontecimientos que deben habernos ayudado a fortalecer nuestra fe y a seguir creciendo en nuestra vocación. 

Es cierto que, caminamos junto a los hermanos de nuestro mundo que sufren infinidad de desgracias: guerras, terremotos, incendios, hambre, esclavitud, violación de los derechos fundamentales de las personas…. Nuestra preocupación constante han de ser ellos y nuestra vida y oración deben estar entregadas a su servicio.

Para mantenernos fieles el Señor no deja de enviarnos a sus mensajeros, a los profetas que nos hablan y nos enseñan cómo debemos ser constructoras de la civilización del amor, unidas a los hermanos y hermanas de este mundo.

Creo que junto a Clara podemos contemplar los acontecimientos que hemos celebrado este año y caer en la cuenta de lo que a nosotras nos puede estar diciendo y nos sirve para ser fieles a la vocación recibida según los signos de los tiempos:

 

1. 800 años de la pascua de Francisco de Asís UNA SEMILLA DE VIDA ETERNA El legado espiritual de un hombre cristiano.

 «Antes de la muerte no felicites a nadie, porque solo en su final se conoce a la persona» Eclesiástico 11,28

Morir es desvelar, porque se encuentra con esa verdad que no admite disfraces, y que aquello que es no puede ser nada más. Al morir todos somos impotentes, desnudos y no podemos maquillar nuestra verdad. Francisco muere y al morir se desvela una verdad. Francisco muere martilleado por la enfermedad, es como un metal puesto a prueba, la prueba del dolor, esto ha hecho que Francisco sea quien es. La vida lo modeló, la vida nos modela y significa algo maravilloso: cada uno somos capaces de recibir forma sin ser destruidos. Es la hora de Francisco, es su tránsito y es ir más allá de uno mismo y nadie que no rompa el corazón del propio yo, puede encontrarse con Alguien, ese fue Francisco y esta su hora: La muerte desvela la verdad del hombre que se ha dejado hacer, muere escuchando, no hablando, escuchando las palabras de Jesús en el evangelio que habla del amor hasta el extremo

Tras acoger el Espíritu de Jesús en su interior, hasta el punto de llevar las marcas del Crucificado en su cuerpo, él mismo llegó a ser una semilla del Evangelio, llena de frutos de vida eterna.

Es el precioso legado que nos dejó y que Clara acogió y lo hizo suyo en su forma de vida, por medio de las palabras y el ejemplo de Francisco:

 El primer legado que nos deja Francisco: los pobres y Cristo crucificado como puntos de referencia constitutivos y fundamentales de nuestra visión cristiana de la vida. Olvidar esto y vivir de otra manera, significa dejar que se desvanezca nuestra vocación de hermanas pobres contemplativas franciscanas. “Así pues, queridísima hermana, y, más aún, señora digna de toda veneración, pues sois esposa y madre y hermana de mi Señor Jesucristo (cf. 2Cor 11,2; Mt 12,50), esplendorosamente distinguida con la insignia de la virginidad inviolable y de la santísima pobreza, afianzaos en el santo servicio”[1]

 La Iglesia y la Eucaristía son el segundo legado que nos deja Francisco: el terreno donde plantar nuestra semilla evangélica para hacerlo verdaderamente cristiano es la Iglesia, la Eucaristía es de la que nos hemos de nutrir cada día para dar frutos de vida eterna. “Para que, siempre sometidas y sujetas a los pies de la misma santa iglesia, firmes en la fe católica (cf. col 1,23), observemos perpetuamente la pobreza y la humildad de nuestro señor Jesucristo y de su santísima madre, y el santo evangelio que firmemente prometimos. Amén.[2]

 El camino de los mansos y humildes de corazón, como lo fue Jesús, Francisco, Clara y tantos otros, este es el único camino que puede llevarnos a buscar sinceramente caminos de paz. Un mundo como el nuestro requiere un espíritu de fraternidad, de encuentro y diálogo.

Nosotras somos esa vida escondida, que cada día crece buscando una verdadera fraternidad, que va dando fruto en la Iglesia y en el mundo si lo vivimos desde la acogida y aceptación mutua, y desde la norma suprema del amor a la hermana “deben evitar airarse y turbarse por el pecado de alguno, porque la ira y la turbación impiden en sí y en los otros la caridad[3].

 Esta semilla pequeña, como el grano de mostaza humilde y pobre, pero entregada y generosa de nuestra vida cristiana, vivida como hermanas pobres de santa Clara es fecunda. Esto también significa ser buenas ciudadanas, honradas, sinceras, en las que se puede confiar, y ayudar a construir un mundo justo y fraterno, para poder ser ejemplo de esperanza a todo el que nos rodea.

Es bueno que ante la apatía y desesperanza que ocasionan los acontecimientos dolorosos, la falta de preocupación por bien común y la búsqueda de los propios intereses de los más poderosos, las personas encuentren en nosotras un motivo para seguir esperando una vida más justa y pacífica, y unas hermanas que les hablen de que otro mundo es posible. “Habiéndonos, pues, llamado el Señor a cosas tan grandes, de modo que en nosotras puedan mirarse como en un espejo aquellas que son ejemplo y espejo para los demás, estamos muy obligadas a bendecir y alabar a Dios, y a afianzarnos más y más en el Señor para hacer el bien. Por ello, si vivimos según dicha forma, dejaremos a los demás un noble ejemplo.”[4]

 

. Visita del Ministro General a Loreto

 Hemos tenido también la gracia de encontrarnos con Fray Máximo Fussarelli, Ministro general de la Orden de Hermanos Menores. El día 2 de junio volvíamos a renovar con gozo nuestro carisma franciscano clariano y nuestra comunión con los hermanos de la Provincia Franciscana de la Inmaculada. 

En el encuentro con Fr Máximo, sus palabras dejaban también un eco en nosotras y el deseo de vivir nuestro carisma con renovada ilusión. Con esta Carta quiero volver a traer su mensaje a nuestro corazón, y seguir así profundizándolo en esta Celebración del día de Santa Clara:

  •  Dimensión contemplativa que debemos salvaguardar siempre: Forma parte de nuestro carisma común en toda la familia franciscana la dimensión contemplativa. Es el eje central de nuestra forma de vida, nosotras tenemos una vida contemplativa estable. Hay que vivirla y profundizarla y es mucho más que decir oraciones vocales. El trabajo manual a veces es muy abundante y destruye la quietud y la paz de la contemplación. Es esencial el equilibrio del horario, debe ser exigente para salvaguardar la centralidad de la contemplación.

Ser contemplativas en el siglo XXI: en este tiempo de la Inteligencia artificial es muy difícil hablar de vocación, ya no tenemos algo de misterio o desconocido, algo que podemos escuchar, parece que tenemos respuesta para todo, estamos ante una manera diferente de conocer la realidad y de escuchar. Clara nos dice: “Mira al espejo, al Crucificado”, esto pide una frecuencia, una cercanía con nuestra profunda interioridad y un camino para descubrir lo que impide llegar a ella.

  • La formación, permanente e inicial para conocer que significa ser contemplativa en este tiempo: Necesitamos una formación nueva, ¿cómo escuchar en este tiempo en el que los medios de comunicación nos invaden? La familiaridad con las pantallas: el móvil, la tablet… cambia nuestra manera de ver el mundo.
La Orden ha publicado en su página un Manual sobre los medios digitales, para nuestra formación en estos tiempos. Es necesario ver como utilizamos estos medios y formarnos para saber usarlos bien.
  •  En la formación inicial necesitamos una formación integral: Formación integral que se refiere a madurez humana, cristina y vocacional: Lo humano hoy es mucho más exigente, ¿cómo estamos llevando una formación humana para mujeres? ¿cómo orientar nuestro mundo afectivo-sexual a la búsqueda de Dios?
  • La vivencia familiar, es otro factor: para muchos no es fácil asumir la historia personal, y esto se trae a la fraternidad, esta es nuestra humanidad y tenemos que trabajarla.
  • Formación cristiana: Ya no podemos decir que estamos tranquilas porque somos cristianas. ¿Conocemos nuestro Magisterio, tenemos una formación cristiana seria y coherente para saber de qué se trata ser cristianas?
  • Madurez para la formación vocacional, la formación pide una formación intercultural:

Somos hermanas de diferentes países y culturas, es este otro lenguaje, no solo el idioma, sino otro lenguaje en toda la persona. Tanto las que llegan como las que acogen nos encontramos con una realidad diferente. Tenemos que valorar la capacidad de las Comunidades para formar a las hermanas que llegan. Las mismas formadoras tienen que formarse en la formación intercultural, para poder tener medios y saber cómo acoger, cómo acompañar y cómo cambiar, ya que, si recibimos hermanas de otras culturas, tiene que haber una transformación recíproca. Las hermanas son una gracia que hay que cuidar y acompañar.

Concluyó exhortándonos a como deberíamos de vivir este Centenario franciscano:

 Depende de nosotros vivir este Centenario como una toma de conciencia de que el carisma está vivo, Clara ha vivido este tránsito de Francisco intensamente.

¿Qué vinculo tenemos con el carisma de Francisco, algo emocional o su vida está viva en nosotras? ¿Lo recibimos como un don?

¿La vivencia del carisma hoy permite que este carisma sea más vivo, más actual a través de nosotras? Esto es lo fundamental para vivir el Centenario como una oportunidad de vida y no solo como una conmemoración.  

 

3.  Otro de los momentos de gracia ha sido la Visita del Papa León XIV a España.

 Nos invitó a “Alzad la Mirada”, a vivir desde esa Magnifica humanidad que cada uno de nosotros somos por ser creados, pensados, amados de Dios Padre, que “nos ama como somos pero que nos sueña mejor”[5] según su proyecto para cada uno de nosotros. Fueron días realmente vividos desde nuestras raíces cristianas, agradecíamos serlo, y dábamos gracias al Señor por los gestos de cercanía, las miradas, los abrazos, las palabras del Papa León, quién nos confirmaba y nos fortalecía en la fe.

Con él experimentábamos una fuerza que viene del Espíritu, por la cual se nos animaba a dar testimonio de Jesucristo, de que él es Nuestro Señor, y no queremos vivir de otra manera sino como cristianas, viviendo según la Forma del Santo Evangelio como nos enseñaron Clara y Francisco de Asís.

A pesar de esta Magnifica humanidad herida nos sabemos parte de un pueblo, que camina unido y en medio de ese pueblo va a nuestro lado el Señor, que no nos abandona. Él pasa por nuestro día a día, por las calles de nuestros pueblos y ciudades, por los corazones de las personas que ponen el bien y la bondad a nuestro alrededor y que son capaces de comenzar a crear la civilización del Amor.

Nos sentimos hermanas de ellos, construyendo esa Civilización del Amor y sostenedoras con nuestra oración, ya que creemos que el Espíritu sigue haciendo su obra en los corazones de las personas. Porque “la perspectiva cristiana, sin embargo, no se agota en la denuncia del mal. Nosotros miramos la historia a la luz del Crucificado Resucitado, a quien el Padre ha dado «todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28,18). No interpretamos el presente como un destino cerrado, sino como un campo abierto a la conversión personal y colectiva. Y creemos en la fuerza del Reino, que se desarrolla a partir de la pequeñez de un grano de mostaza, como una semilla que, una vez sembrada, brota y crece (cf. Mc 4,26-32). Mientras el ruido de la confusión nos rodea, el bien crece silenciosamente desde la tierra. Con las palabras del profeta: «Yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?» (Is 43,19).

 Una lectura atenta de la historia lo confirma. Incluso en las noches más oscuras, el Señor suscita hombres y mujeres capaces de no resignarse y de perseverar en el bien: personas que protegen a los frágiles y abren caminos de reconciliación. La memoria de los santos y de los justos, de los constructores de paz a menudo olvidados, muestra que la gracia no elimina el conflicto con un gesto mágico, sino que genera una resistencia activa al mal y una creatividad sorprendente en el bien.

Los cristianos ven las tinieblas y las llaman por su nombre, pero no se quedan paralizados contemplándolas: conocen la luz y saben que las tinieblas no la recibieron y no pueden vencerla (cf. Jn 1,5). Por eso, sirven al bien incluso donde el dolor parece tener la última palabra, sostenidos por una esperanza teologal que da a la realidad un horizonte y una dirección. Todos podemos dar nuestro aporte”.[6]

 Y aquí nos encontramos nosotras dispuestas con nuestra Forma de vida, a seguir creciendo de bien a mejor, para dejar a los demás un noble ejemplo y dejar esta vida como Clara, agradeciendo tanto don recibido.

Acabo haciendo referencia a otro Tránsito el suyo, también vivido como el de Francisco cantando las maravillas del Señor “porque solo en su final se conoce a la persona[7]. Sin duda Clara también se enteró, por los frailes, de cuál había sido el último deseo de Francisco antes de morir: que le pusieran desnudo sobre la tierra desnuda, en la Porciúncula. Estamos, pues, ante un «éxodo» simétrico y convergente de estos dos Santos que convierten su vida en una «entrega» total a Dios, a ese Dios que vino a su encuentro y que ellos amaron sin reservas.

La muerte siempre da miedo e infunde terror, pues nos expropia totalmente de todo y de todos; pero para los místicos se transforma en la cima de la gratitud y de la felicidad: Clara y Francisco viven esta experiencia. Se muere como se vive: su vida entera es una vida de «restitución» (cf. Rnb 17,17-18), de liberación progresiva para que ninguna forma de apropiación o de repliegue sobre ellos mismos impida en lo más mínimo u oscurezca el diálogo con el Amado.[8]

 Caminemos hermanas en este camino de desapropiación para que poco a poco nos vayamos liberando como Francisco y Clara de todo lo que nos aparta del camino de la senda de la felicidad para `poder, al final de nuestra vida, agradecer al Señor que nos haya pensado, creado y cuidado “como la madre al hijo que ama".

Agradezco al Señor el don de vuestra vocación de hermanas pobres de santa Clara y le pido que nos siga ayudando a vivirla entregadas a su servicio, como hijas y esclavas del Altísimo y Sumo rey, Padre celestial, desposadas con el Espíritu santo, y viviendo según la perfección del Santo Evangelio[9].

Recibid un fuerte y grande abrazo fraterno, para todas y cada una de las hermanas de vuestras fraternidades y mi oración. Rezad por mí.

Vuestra hermana y servidora.

 

Belalcázar a 27 de julio de 2026 

Prot. 07/26

  Hna. Isabel Cobo Jiménez, osc
Presidenta federal
 

 
 

[1] ICtaCl 12,13

[2] RCl XII

[3] RCl VII,5-6

[4] TesCl 21-23

[5] Cfr. Papa León XIV en el Centro penitenciario femenino de Brians 1, en Barcelona

[6] Magnifica Humanidad, Papa León XIV

[7] Eclesiástico 11,28

[8] Clara de Asís, Un Canto de alabanza. Fr Giacomo Bini, OFM

[9] Cfr. FVCI 1-2