Queridas hermanas nuestro Esposo nos lleva al desierto, para configurarnos con él. Os deseamos: Paz y Bien.
La cuaresma nos invita a echar una mirada a nuestra condición de pecadores, de creaturas seducidas por el mal.
Nos propone que estemos en una continua vigilancia, como el siervo que espera a su Señor; o como se asemeja a las diez vírgenes que esperan al Esposo; es el nuevo Israel que, recordando la antigua liberación de la esclavitud de Egipto, dedica al Señor, parte de la noche, porque es tiempo de salvación.
En este precioso tiempo de gracia intensifiquemos más nuestro contacto con Dios y la asidua lectura-meditación de la Palabra de Dios.
En este mes también ponemos nuestros ojos en Santa Clara, que con un corazón convertido se consagra a Dios, un 18 de marzo, en el precioso Domingo de Ramos.
Pidamos a San José, modelo contemplativo, para que nos conceda la gracia de descubrir al Hijo de Dios, en los detalles pequeños de cada día, y le rogamos que surjan vocaciones para toda la Iglesia.
Las hermanas de Santa Clara, en Carmona, nos necesitan en estos treinta y un día de marzo, para que les acompañemos con nuestras oraciones y para que sean las vírgenes prudentes que esperan fielmente al Esposo, que vino, viene y vendrá en los últimos tiempos.
¡Ruega por nosotros hermano Francisco de Asís”.
Meditación Franciscana:
“Por ti soporté el oprobio, * la confusión cubrió mi rostro (Sal 68,8)”. OfP, Salmo V, 7
Recibid un saludo fraterno de vuestras hermanas
de la Comisión de Relaciones Fraterna.
